Entre recuerdos, música, miedo y esperanza, Brenda Quevedo relata cómo imagina su regreso a la vida después de uno de los procesos judiciales más cuestionados de México y explica por qué aún teme a quienes la llevaron a prisión Juan Carlos Rodríguez / El Sol de México Blumi, una gatita blanca con manchas grises, recorre la sala con la autoridad de quien conoce cada rincón del departamento donde Brenda Quevedo cumple su encierro domiciliario desde hace dos años . Salta al librero, se restriega contra una hilera de libros y, en un movimiento torpe, derriba uno de los portarretratos que decoran la pieza. Brenda se inclina para recogerlo y, por un instante, se queda mirando la fotografía. Es la imagen de Brenda cuando tenía 24 años, antes de que comenzara la pesadilla. En aquel entonces estaba recién graduada de la Universidad Latinoamericana ( ULA ), comenzaba a trabajar en Londres para una agencia de relaciones públicas, tenía amigos por montones, era el orgullo de su fami...